Welcome to the jungle.

Dio penita marcharse de la casa de Jorge, el alemán que nos acogió a los cinco ciclistas en el lago de Patzcuaro. Pero era de imaginar, buen rollo, anécdotas del viaje, ponche caliente y películas proyectadas sobre la cortina del salón. Nos decimos adiós con un abrazo, a Paul el ciclista americano ya no le veremos, mete quinta y se dirige como una bala hacia Panamá donde se encontrará con su novia por navidad. Con Miguel y David nos reuniremos más adelante, en el DF. Yuta y yo regresamos a Morelia donde tenemos equipaje en casa de Fany y donde aprovecharemos ha despedirnos de su familia. En ese momento parece decidido, viajaremos juntos, como mínimo hasta el distrito federal, pero no iremos por la ruta directa si no que daremos un rodeo de unos cientos de kilómetros para visitar tres ciudades declaradas como patrimonio mundial por la UNESCO y que nos cuentan,  bien merecen una visita. 
Valle de santiago es un pequeño pueblo donde no hay mucho que ver, nos acercamos al ayuntamiento nos presentamos y preguntamos al poli de la entrada por si tienen algún lugar para pernoctar. El tipo amablemente nos emplaza a que le concedamos un momento en los que comienza a comunicarse en código por el talkie y tras 20 minutos de espera una patrulla PickUp esta en la puerta, cargamos nuestras bicis y nos lleva hasta un cuarto en las instalaciones del ADIF (institución para la familia) donde nos espera ducha caliente y cena, como le dice el poli de la entrada al chófer…por orden del señor alcalde, que no les falta de nada. Hospitalarios, ¿no?. 
No tengo ni idea de si tiene que ver o no el atropello y muerte de un cicloturista italiano. Noticia que tuvo muchísima repercusión en los medios e igual que en este pueblo en todo México me vienen hablando de el. La cuestión es que puede que ese desgraciado accidente nos haya dado a conocer a gran escala a los viajeros en bici y en cierta manera abierto algunas puertas.

Llegando al primero de nuestros destinos, la turística Guanajuato, los bomberos por primera vez nos dan una respuesta negativa, según cuentan unos meses atrás, unos ciclistas robaron algunos de los trajes de bombero. Cosa curiosa, aún me pregunto para que los querían unos ciclistas y como demonios hicieron para guardar esos tabardos y botas. Por suerte, cerca hay un club deportivo donde tras platicar largo y tendido con el gerente nos dejo quedarnos en el gimnasio, sin duda que estuviera un poco tomado ayudó en la negociación. Y si queréis podéis hacer unas pesitas, decía. Si claro, justo en eso pienso cuando termino la jornada. 
Después de unos días de descanso en la casa de José, donde llegamos el segundo día, y de visitar la ciudad tranquilamente vamos hacia San Miguel Allende, en el camino procesiones de miles de peregrinos a caballo, no se quien flipa más, si ellos al ver las bicicletas o yo de tanto vaquero y ranchero con estandartes de la virgen. Parada técnica en San Miguel y continuamos hasta Querétaro con la suerte de dar con nuestros huesos en casa de Ana y Luis. Ellos mismo nos aconsejan un camino alternativo que incluye firme de tierra, adoquines y cuestas que te obligan echar pie a tierra…en el caso de Yuta, cuerpo entero no sin antes tocar las campanas del pueblo contra la barra de la bici. Duro, si, pero cambiamos los vehículos rozando las alforjas por un relajado paisaje serrano donde el grueso del trafico lo conforman los burros que nos miran como las vacas al tren. Ya en la acogedora casa de la pareja, nos llevan a subir un peñasco, que dicen, es uno de los monolitos más grandes del mundo y yo me quito un poco el mono de monte que tengo, preparamos cenas en las que aparecen amigos y familia de debajo de las piedras a la poderosa llamada de las fotos de Facebook, bebemos pulque y visitamos la tranquila y bonita Querétaro. 
Alguien me contó que siempre que aterriza en México DF se lo imagina con banda sonora, “Welcome to the jungle” de Guns N’Roses. Y la verdad que nada mas adecuado para  una megalopolis de 20 millones de almas bajo una densa capa de “smog”, en la que comes o te comen. Recuerdo, nada más llegar al centro que bajaba con Bicicleta cargada por una rampa de unos diez metros en la cabíamos justos, pues no quedaban ni tres metros cuando un tipo se metió con su carro de mercancía por el lado opuesto bloqueándome la salida. Yo estaba de lo mas relajado y no tenía ninguna prisa y cedí a retroceder todo el camino marcha atrás, pero cuando le dije lo estúpido de la situación me espeta. ¡Te gané! En ese momento me di cuenta de que iba el rollo. Como el día que estaba con Yuta en el zócalo (la plaza mayor) esperando a David y Miguel para desayunar juntos. Pendiente de mi teléfono y de conectarme a alguna wifi, veo por el rabillo del ojo como se me acerca un tipo bajito y se planta delante a 30 centímetros de mi cara, desde abajo me pregunta. ¿De dónde eres?, de España le digo yo. ¡ZAS! en toda la boca. Me tambaleo un poco, le empujo para atrás y lo siguiente es historia, la cuestión es que la cosa no fue a mas. Otro botón de muestra; cualquier día entre semana, decidí visitar el museo de antropología y para ello se me ocurrió tomar el metro en hora punta. ¡Ay, Dios! Cuando entro en mi anden, riadas de gente esperando cubrían la parada de una punta a otra, cuando llega el primer tren no puedo hacer mas que saludarle y desearle feliz viaje, imposible subirse imposible luchar contra esa marea de gente, por suerte la segunda ola me agarra y me deja colocadito en medio del pasillo del vagón, no lo recuerdo muy bien, pero creo que no tuve que dar ni un paso, simplemente me desplazó. Y ahí estaba, apretado por todos lados, sujetándome a la barra con la mano derecha, con mi licuado de fresiplatano en la izquierda y chupando de la pajita, supongo que con cara de tonto, como la que tenemos casi todos a esas horas, cuando noto que la presión comienza a crecer de manera muy localizada y que de repente se transforman en lo que deduzco unos dedos ansiosos, sobándome las partes pudendas. ¡No me jodas, no me lo podía creer! El tipo de al lado se estaba poniendo tontorrón con mi paquete. Solo acerté a quitarme el “pulpo” de un manotazo y decirle a su dueño, ¡¿Qué haces wey?!. En cuanto se detuvo el tren me baje de el, en medio de una estación de estas que no conectan con nada ni son importantes, pero es que estaba shockeado, era la primera vez que alguien me dice que le gusto tan explícitamente. 
La ciudad también tuvo sus cosas buenas e interesantes, conocí un buen grupo de gente y pude experimentar rodar por un mastodonte como este, pero lo cierto es que por primera vez en el país sentí que me venía grande el lugar y que tenía ganas de abandonarlo. 
Ha sido un día loco de tráfico, polvo y polución, pero….volver a rodar y alejarme de la ciudad, ummmh que delicia. He cantado a grito pelado Mark Anthoni (“Valió la pena” no es que me guste, de hecho esta lejos de mis preferencias musicales, pero es de las pocas letras de canciones que me se, herencia de mi madre y domingos de tareas domésticas con el equipo de música a toda pastilla) los hombres se sorprendían y las mujeres se reían, y yo, feliz volaba entre los coches desafinando. Pero…. La visión de los volcanes nevados. Eso, eso ha sido…uffff tengo unas ganas locas de subir otra vez alguna montaña, de momento me conformo con el combinado de bici, alforjas y horizonte quebrado. 
Extracto de correo

Fue alejarse de la ciudad unas decenas de kilómetros y ese México que conocía, el México hospitalario y amable apareció de nuevo y por si fuera poco aderezado con las montañas que siempre me reaniman el espíritu. Yuta, David y yo (Miguel sufrió un contratiempo en el DF) tomaríamos el Paso de Cortes rumbo al estado de Puebla. Tomamos el puerto entre dos volcanes en una mañana, así dicho parece fácil, pero realmente se sube durante 23 kilómetros constantes hasta una altitud de 3.600 metros. De hecho, mi idea era acampar arriba, pero tuve que bajar in extremis, por que sufrí el mal de altura que me confirmo el medidor de saturación de oxigeno de Yuta (si, ya lo se, pero que queréis, es japones) 
De ese día recuerdo también un tipo que venía en bici de carretera. Yo esperaba a mis compañeros en un recodo de la ascensión cuando veo que se acercan acompañados del susodicho, desde lejos le oí gritar ansioso, nervioso y con una estridente risa…¡Ahí hay otro, ahí hay otro! Acercándose a mi rápidamente, empezó a preguntarme mil cosas, sin perder esa risa de vendedor enmarcada por el bigotillo…terminó con un me laten los españoles, los franceses y los japoneses. “Pos” que casualidad oiga. Total, que el a mí no me latía ni lo más mínimo y ya no hablemos de su energía estrepitosa que me alteraba solo con su presencia. Así, decidí que pasaran por delante, rezagarme y ver como se perdían en la siguiente curva, con el tipo cotorreando sin parar y mis compañeros sudando la gota gorda y medio asfixiados… me hubiera gustado ver si podía charlar tan animádamente subiendo con una de nuestras bicis. Por desgracia unos kilómetros adelante estaban parados, comiendo algo y esperándome. Ya todos juntos, charlamos de lo duras que estaban algunas rampas y de si quedaría mucho, a lo que que el tipo contesta. ¡Huy! Todavía queda un chingo, solo hemos hecho una tercera parte y de las rampas más suaves. ¡No jodas! llevamos quince kilómetros y en teoría son veintidós. No, no chavales… yo he subido este puerto cientos de veces y no tenéis ni puta idea…o algo así, dejo caer. 
Efectivamente, como nosotros imaginábamos solo quedaban siete kilómetros y para colmo las rampas se suavizaban en los últimos cinco. Llegué arriba en segundo lugar, el primero había sido bigotitos, desde lejos ya me estaba gritando algo con su perpetua y falsa sonrisa. En cuanto me acerqué a el le dije:
_ ¿Me dejas que adivine?
_ ¿El qué?
_ ¿A qué eres del distrito?

No lo he dicho, pero ya me habían hablado de los de DF como fanfarrones, exagerados y mentirosos, repito, encontré un montón de buena gente que me trato de maravilla, pero de verdad que tipos como bigotitos también fueron unos cuantos para tan pocos días.
Creo que en otras ocasiones he hecho alguna alusión a la fervorosa creencia que se profesa en la religión , y si es la Virgen de Guadalupe ya ni os cuento. Yo no creo, pero respeto lo que cada uno piense a cerca de esto, pero con lo que no puedo es con dar explicaciones mágicas a las cosas o excusar la ignorancia. Resulta que desde lo alto del paso, se puede ver en el horizonte el volcán La Malinche y el Orizaba ….este último nevado y la el otro que parece ser similar en altura, sin una gota de nieve. Le pregunto a un guarda del parque a que se debe. Repito, es una pregunta a un profesional de sistema de parques nacionales. Y me responde todo pichi. Mijito, eso solo la virgencita lo sabe. Por suerte David, el francés es una máquina de datos y está informadísimo de todo el trayecto y en seguida nos aclara que no es más que un efecto visual y que efectivamente el Orizaba es bastante más alto que La Malinche.

Continuará…

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