Viaje a Ítaca.

Cuando emprendas el viaje hacia Itaca

ruega que sea largo el camino,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

A los Lestrigones, a los Cíclopes

o al fiero Poseidón, nunca temas.

No encontrarás trabas en el camino

si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita

la emoción que toca el espíritu y el cuerpo.

Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,

ni al feroz Poseidón has de encontrar,

si no los llevas dentro del corazón,

si no los pone ante ti tu corazón.

Ruega que sea largo el camino.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que – ¡con qué placer! ¡con qué alegría! –

entres en puertos nunca antes vistos.

Detente en los mercados fenicios

para comprar finas mercancías

madreperla y coral, ámbar y ébano,

y voluptuosos perfumes de todo tipo,

tantos perfumes voluptuosos como puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

para que aprendas y aprendas de los sabios.

Siempre en la mente has de tener a Itaca.

Llegar allá es tu destino.

Pero no apresures el viaje.

Es mejor que dure muchos años

y que ya viejo llegues a la isla,

rico de todo lo que hayas guardado en el camino

sin esperar que Itaca te de riquezas.

Itaca te ha dado el bello viaje.

Sin ella no habrías aprendido el camino.

No tiene otra cosa que darte ya.

Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado

sabio como te has vuelto con tantas experiencias,

habrás comprendido lo que significan las Itacas.

Konstantinos Kavafis

Transcripción del post escrito a domingo, 10 de Marzo de 2013. Antes del inicio de América en bici

Hace un cierto tiempo, terminado el viaje de América, conocí un dato curioso. Kavafis vivió de una forma bastante alejada a su poema, al parecer procedía de una acomodada familia burguesa y dedicó su vida al periodismo y su trabajo como funcionario.

Sea como fuere, el tipo captó la esencia de un gran viaje.

“Por que nuestros corazones siempre sientan la llamada de Ítaca”

 

 

 

 

 

 

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