Plan B

El rancho había sido escaso. Quizás demasiado, era evidente que existía una carencia en la ingesta de calorías. Jinete y jamelgo sufrían las largas distancias entre los pasos migratorios de renos que alimentaban a uno o los pastos frescos de hierba que hacían lo propio con el otro. Con unas pocas alubias y cuatro rastrojos en el estomago ambos dieron por terminada la jornada, aunque en realidad aun restaba montar la pequeña tienda, liberar al animal de sus pesados pertrechos y poner a buen recaudo los alimentos que servirían de sustento en días venideros. Esta labor se convertía en una molestia totalmente necesaria, ya que le habían advertido de La Bestia. Estaba ahí fuera y el largo invierno la mantuvo en famélica invernación hasta hace pocas lunas.

osos grizzly en cautividad

Por eso y por que no quería verse sorprendido a media noche, agrupando los alimentos en una mismo alforja acertó a colgarla en la rama de un árbol que crecía a unas decenas de metros del campamento. Extenuado y con el alma lejos, muy lejos, acurrucandose en un rincón junto al hogar de la casa familiar comenzó a dejarse llevar en brazos de Morfeo.

Katratxak!

“¡Que ha sido eso!” se dijo.

En el fondo tenia la certeza de que solo podían ser dos cosas. ¿Otra alma perdida que vagase por aquellos parajes?. No, demasiado improbable, el sonido provenía de un tronco grueso. Sin duda lo que lo había quebrantado poseía una fuerza sobrehumana.Rápidamente empuño el revolver que siempre guardaba junto a si durante la noche y el cuchillo de mango tallado y afilada hoja de acero.Salio de la tienda y allí frente a el, tan cerca que un latigazo hubiera lacerado la carne del animal. La Bestia le había encontrado.

 

Segundo día rodando. Bici y ciclista, ambos con sobrepeso.

Estos días en Alaska han sido intensos, He podido conocer a gente espectacular y tremendamente generosa. Me han invitado a comer, a compartir momentos familiares, incluso a un fin de semana en la “casita” del lago. Mil millones de gracias Bob y Jeff. Lo cierto es que viajar con Cleta despierta simpatía y te muestra las reacciones mas humanas y amables de la gente.

Por otro lado el entorno es increíble, montañas, agua y verde por todos lados hace que cada dos por tres tenga que parar a tomar fotografías. El clima lo que nunca esperaría, benévolo, incluso caluroso. Parece que todo esta diseñado para que disfrute de ello.

Pero. Hay un gran PERO. Por motivos varios y que no vienen a cuento en este espacio, traigo de casa un equipaje emocional bastante pesado. Bastante más pesado que bicicleta, y que a punto ha estado de dar al traste con este sueño y que aún lo mantiene en la cuerda floja. Las grandes distancias, la lejanía del hogar y la abundante soledad dejan que los demonios internos se explayen. Esto me ha llevado a tener unos días realmente malos donde por momentos dudaba de la gran apuesta hecha.

Y por añadirle enjundia al asunto. Unas de las noches, ya metido en el saco y a punto de caramelo. Katratxak! no no era un poderoso tronco partiéndose, pero si, algo grande venía hacia mi. Así que cogí el spray antiosos que llevo y la navaja suiza que me regalaron en Vitoria y salí de la tienda. Y ahí estaba yo, en calzoncillos con las marcas de moreno ciclista, totalmente patético delante de un Grizzly que se había detenido como a 10 o 15 metros al oírme salir de la tienda emitiendo ridículos ruiditos de abubilla para ahuyentarle. El me miraba curioso y me dio la impresión que descojonÁndose un poco, también (no le culpo. Pierdo bastante en calzoncillos). La cuestión es que yo había oído que tenia que hacer ruidos metálicos para espantarle y ahí que agarre lo primero que tenía a mano y empecé a arrearle con uno de los tramos de la caña de pescar en los lomos a bicicleta. Como relinchaba y brincaba de dolor la pobre. No entendía a que venía ese repentino ataque de ira descontrolada y se preguntaba que demonios había hecho mal.

Parece que funciono, por que el osazo se fue, no se si por el ruido metálico, por los relinchos de bicicleta (que ya no me habla) o por que pensó que, para que meterse en berenjenales con un desequilibrado de cuerpo a rayas, como un corte de helado vainilla-chocolate.

 

Por mi parte levante el campamento a toda leche y salí cagando viruta hasta que encontré otro sitio que me pareció seguro y ete ahí que otra cosa grande tocando la moral. Vaya usted a saber si un oso, un caribú o un orco de Mordor (o mi imaginación). Yo ahí no me quedaba.

Finalmente ese día se tradujo en 110 km en subida, con viento en contra y no muy bien alimentado hasta llegar a un Motel que por unos modestos 85$ que me soplaron me aportaba una alternativa mala para el bolsillo pero buenísima para mis gallumbos.

Angie y Linda, mis primeras anfitrionas en redes de hospitalidad.
Angie y Linda, mis primera anfitrionas en las redes de hospitalidad.

Dicho esto, se puede presuponer que bien bien no van las cosas, y efectivamente. Ahora mismo me encuentro en casa de unos ángeles, de dos mujeres que hacen este mundo más bonito y que me dejan usar su hogar como si del mío se tratara. Angie y Linda. De nuevo en Anchorage. He decidio volver y replantear el viaje. Como he dicho no solo es el asunto de los osos, realmente no logro conectar con lo que en realidad tendría que ser la experiencia y no me desprendo de ese  karma que facturé conmigo. Y como he venido a disfrutar, el plan es el siguiente, mañana tomaré un ferry que me sacará por costa directamente de Alaska y Canada para dejarme en un punto entre Vancouver y Seattle. Lejos de mi paranoia oseril me quedare solo con mis pensamientos y espero que estos se tornen nomadas y me dejen continuar con el proyecto. De lo contrario…pues plan C. Que le vamos hacer, esta vida es así. Por cierto, aunque no conteste, vuestros mensajes de apoyo me llegan dentro.

 

PD. Vendo caña de pescar en virutas de fibra y carrete a juego. Ouchh! Xb

Transcripción del post escrito a viernes, viernes, 7 de junio de 2013. Durante el viaje de América en bici

No es ningún secreteo que yo tenia lo que se viene llamando una vida estandar, pareja de esas para toda la vida, trabajo fijo, hipoteca, dos coches y casi hijos y que todo eso se desmoronó en menos de un año.

Lo último que perdí fue el trabajo y recuerdo el día que nos reunieron a todo el departamento y nos comunicaron que parte de la plantilla nos íbamos a la calle me alegre un huevo. Significaba que ya no tenía anclas ni excusas para no lanzarme a por el sueño.

Preparé todo en cuestión de unos pocos meses y me planté en Alaska con mi mochilita emocional hecha mierda, pero por mucho que tapes el muerto sigue oliendo. Por eso me hace gracia cuando me dicén que hay que ser un valiente para cruzar América en bici. Yo desde luego no lo soy y pocos compañeros conozco que se proclamen como tales.

 

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