Devenires

—Mi corazón es traicionero.—dijo el muchacho al Alquimista cuando pararon para dejar descansar un poco a los caballos.—No quiere que yo siga adelante.
—Eso es una buena señal.—respondió el Alquimista.—Prueba que tu corazón está vivo. Es natural que se tenga miedo de cambiar por un sueño todo aquello que ya se consiguió.
—Entonces, ¿para qué debo escuchar a mi corazón?.
—Porque no conseguirás jamás mantenerlo callado. Y aunque finjas no escuchar lo que te dice, estará dentro de tu pecho repitiendo siempre lo que piensa sobre la vida y el mundo.
—¿Aunque sea traicionero?
—La traición es el golpe que no esperas. Si conoces bien a tu corazón, él jamás lo conseguirá. Porque tú conocerás sus sueños y sus deseos, y sabrás tratar con ellos. Nadie consigue huir de su corazón. Por eso es mejor escuchar lo que te dice. Para que jamás venga un golpe que no esperas.

El alquimista, Paulo Coelho.

Despidiendo el día junto a un acantilado en la Olimpic Peninsula.

Si continúas con la mirada un poquito más al sur de South beach, a través del bosque, terminarás por ver una zona de descampado de unos 60 u 80 metros de diámetro, esta zona tiene en su lado más pegado al mar como otra pequeñita zona adosada, igual que un balcón que se asoma al océano.

Aquí se oye rugir el mar con tal fuerza, que parece mentira que lo llamen Pacífico. Estoy tumbado en la tienda, con la mosquitera y la entrada abierta, mientras los últimos rayos de sol entran y me calientan, se nota que se despide por que el aire cada vez es más frío, pero no importa por que hace agradable arrebujarse en el saco. Las ramas de los arbustos que rodean mi rincón comienzan a filtrar la luz y me tapan la playa desde mi reposada posición, aunque durante la cena he tenido tiempo de sobra para observarla, y grabarla para siempre en la retina.

La cena. Era arroz, simple arroz, pero estaba tan rico. Ni mil cenas de lujo podrían mejorarlo. La playa se veía preciosa, la brisa empujando sobre las rocas una fina capa de bruma que se diluía entre los troncos encallados, como grandes navíos de otros tiempos. Y si miraba hacia el norte, allá en el océano, una porción de tierra asomando en el mar en forma de isla, y en esta, un faro saludando desde lo lejos.

En fin es hora de dormir, salgo un segundo para captar el último suspiro del sol, que la foto tiene que ser suuuper chula.

Extracto de un email.

 

Linda, la primera de un universo de personas maravillosas.

El retorno a Anchorage fue desolador para mi, algo dentro me decía que me había pegado la cagada del siglo. Por suerte la terapeútica compañía de Linda y Angie me hizo recuperar de nuevo fuerzas tanto físicas como psíquicas y replantearme una segunda parte de la aventura, el plan B.

Tomaría un ferry rumbo a Bellingham, En la costa oeste de los Estados Unidos, una bonita ciudad al norte del país pegada a la frontera de Canada. Me despedí de Linda con un fuerte abrazo de gratitud y encare el momento del embarque, con el espíritu en equilibrios pero con fuerzas renovadas, algo bueno estaba por venir.

Que equivocado, esa misma mañana, ya mar adentro, se levanto un viento brutal que confabulo con el clip de mi riñonera, o como yo la llamaba “Dios”. Para que en un alarde de sincronía este último se soltara a la vez que una ráfaga hiciera planear rápidamente sobre la borda toda mi documentación, mis tarjetas de crédito y mi dinero en efectivo y en un súbito picado, alcanzar la espuma producida por el enorme buque, dotando así a Poseidon de dos Visas, 450 dolares en efectivo, un pasaporte de nacionalidad portuguesa, una cartilla de vacunación de lo más completa, mi permiso de residencia europeo, el carnet de conducir normal e internacional, mi DNI portugues, tarjetas de visita de rodamundu (Lo mismo ahora me esta leyendo alguna merluza), las llaves de la bolsa de manillar y las llaves del candado. Si, todo eso desapareció en 2 segundos. Evidentemente la rayada de viaje fue interesante. Pero bueno. Eso ya quedo atrás.

Cuando llegue a Bellingham era sábado por la mañana y poco podía hacer por solucionar mi problema financiero y burocrático por lo que a pesar de la mala sombra, pasé un estupendo fin de semana en casa de Thomas, Laural y sus dos hijos. Esto de los Warmshowers (comunidad online de hospitalidad entre ciclistas) es un inventazo, no solo por que te proporcione un lugar donde poder tener las comodidades habituales por una noche, si no por que eres un invitado a su estilo de vida y eso enriquece el viaje de manera inimaginable. En ese par de días recogí frambuesas en el huerto, conversamos en la hogera del jardín de unos amigos (por cierto, gracias Sara por tu perfecto español y divertida compañía), comimos en casa de los abuelos… como os decía, un invitado a su estilo de vida.

El lunes tracé el plan a seguir. Tomaría rumbo sur, al fin y al cabo era una de las premisas del viaje, el primer destino San Francisco, donde podré solicitar un nuevo pasaporte. Y además darme este tiempo de reflexión y conexión con el viaje.

Ese rumbo sur se torció rápido, después de un día genial con Lys Que cruzó Alaska y Canada allá por el 73 con 22 añitos y que me recomendó darme un garbeo por la Olympic Peninsula, al fin y al cabo, San Francisco no se va a mover de su sitio.

Y la recomendación ha sido acertada. Si que es cierto que me estoy encontrando toboganes rompepiernas cada dos por tres, pero merece la pena, el verdor te cala hasta dentro, el camino te regala una colorida colección de bayas comestibles, cientos de animalillos te saludan, como el osado mapache que decidió autoinvitarse a cenar conmigo o la ardilla que me daba los buenos días desde el otro lado de la mosquitera de la tienda.

Aunque lo mejor de todo sigue siendo la gente estupenda de toda clase y condición que tengo oportunidad de conocer, bien sea el warmshower que te cuenta sus increibles viajes por sudamerica o el vecino de parcela que te invita a una deliciosa y ansiada cerveza (¿os acordáis que perdí el pasaporte? En EEUU sin identificación no te venden alcohol en ningún sitio).

Nathan el urbanita.

Ocurrió el otro día que aburrido de pagar en los camping lo mismo que una familia de 6 con megatienda y todoterreno, andaba yo haciendo unos km extra en busca de un sitio, algo no demasiado sencillo, si aún no tienes el ojo avizor de los experimentados y estás en norteamerica donde cada cm de tierra parece tener dueño o estar tomada por el bosque.

En esto que veo otra bici con alforjas en un punto de información y decidí pararme, lo mismo daban perritos calientes a ciclistas. Pues resulto que no, no regalaban comida pero el dueño de la bici, Nathan , un chaval de 26 años mas majo que las pesetas me contó que vivía en L.A. y que en busca de desintoxicarse de urbe se dirigía a una granja donde trabajaría el verano a cambio de sustento y que fuera con el, estaba seguro que no había problema en montar mi tienda por una noche.

Kevin, mima a su cabra antes de ordeñarla.

Y que sorpresa amigos, la granja en realidad no se parecía en nada a esas que ilustraban los libros de Teo. Una jovencísima pareja de 22 años, Megan y Kevin, llevan 2 años levantando un proyecto compartido con voluntarios, en el que intentar crear un comunidad autosostenible y en sintonía con el entorno. La parcela ubicada dentro del parque nacional del Olympic Peninsula carece de electricidad y agua corriente, si no contamos un magnífico río de aguas cristalinas que desciende directamente de los bosques de la reserva natural. Los animales de la granja reciben tal amor por parte de los dueños, que ocurría algo totalmente insólito para mí, se comportaban como verdaderas mascotas y por ello las cabras te seguían y se empujaban contra tus piernas pidiendo caricias, las ocas te solicitaban comida o los patos ni se inmutaban si saltabas por encima para poder sortearlos.Una de las partes del proyecto más interesante es la construcción de una casa cueva, que pena no poder verla acabada. Esa noche cené leche de cabra cruda y revuelto de huevos de oca con no se muy bien que.

En fin, como veis el plan B está en desarrollo y me regala cada día sorpresas deliciosas, mi corazón intenta traicionarme de vez en cuando, pero igual que Santiago el aprendiz de alquimista, le escucho pero sigo adelante, que yo se cual es su sueño.
Otras cosas:

– Al principio en Anchorage me pareció exagerado eso que dicen del problema con la obesidad en el país. Pues bien, me he dado cuenta que en ciudades como Anchorage que tiene una de las mejores redes de senderos y bicicarriles urbanos del país, Bellingham o Port Townsend, todas ellas muy integradas con los espacios naturales y con espacios lúdicos-deportivos, la gente goza de un aspecto normal y en cuanto sale un rayo de sol puedes ver como se llenan estos sitios de actividad. Amen de una filosofía bastante saludable respecto a la alimentación, horticultura ecológica, etc. Sin embargo en otros lugares como Averdeen, ciudad industrial por la que fue un poco asqueroso rodar y pensada exclusivamente para el coche, ahí amigos, ahí es donde lo raro es ver alguien delgado o que no lleve consigo un batido del starbucks mientras hace la compra en el súper, a veces en carritos motorizados que portan compra y comprador.

– Hablando de supermercados, aquí todo es a lo grande, desde las mastodónticas camionetas a los paquetes de arroz, los formatos de venta son exageradamente grandes. Un caja de pechugas congenladas puede pesar 3 kilos sin problemas o un bidón de leche tener 5 litros. No se como se apañaran los singles.

– Es un país muy religioso, con unas cuantas variantes del cristianismo hasta lo que he conocido por el momento y no es nada raro que te saquen el tema en el momento mas insospechado, por ejemplo, en el puente de Deception Bridge le pedí amablemente a una señora que me tomara una fotografía. Of course. Me dijo. Saco un par de ellas en cuanto se entendió con la cámara y al devolvérmela me salta, “y bien joven hombre, conoces a los testigos de jehoba.” Wath???!!!!

– Van 3 ardillas, 1 tejón, 1ciervo, como 10 o 15 culebras y serpientes, 1 cuervo, 5 o 6 pajaros de diferentes marcas y modelos espanzurrados en la carretera. Es una pena si…pero vivos he contado muchos más.

– Me pongo a moras, frambuesas y otras bayas doblado. El camino me las regala todos los días, especialmente una epecie de mora-frambuesa amarilla.

– Como ya he contado la gente es muy gentil y amable y a menudo se detienen a interesarse por mi.

– Todo lo pierdo todo lo dejo olvidado. Siempre he sido bastante despistado, pero esto ya pasa de castaño oscuro. En lo que va de mes he perdido en orden cronológico, el palo de aluminio que me traje de soporte para la bici, una cincha, la caña de pescar (esta la rompió bicicleta), a Dios, la navaja (un regalo de alguien muy especial, el disgusto de ese día fue tremendo, regrese 15 km en su busca pero ya no estaba), la toalla, el mini tripode. Lo positivo es que Cleta está mas contenta y ligera.

– Por cierto algunas personas me preguntaban a cerca de los textos. bien, a no ser que ponga lo contrario lo escribo yo.

Un abrazo gordo!

Transcripción del post escrito a viernes, viernes, 7 de junio de 2013. Durante el viaje de América en bici

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